La magia del Silencio

Me gustaría que conversáramos sobre una cualidad del alma que considero de importancia capital para el equilibrio vital del hombre; un valor esencial que es necesario para conocerse a uno mismo  y conectar con el Hablante Silencioso que nos habita; un poder espiritual, como le llamarían algunos magos y chamanes, que es imprescindible para alcanzar la Sabiduría. Se trata del Silencio Interior.

Obviamente no me refiero a un silencio vano, muerto e infecundo. No estamos hablando del silencio de aquellas personas que por estar todavía bastante “dormidas” nada tienen que decir. No, el silencio al que hago referencia está más en relación a lo que se produce en el interior de nuestra mente, que al hecho en sí  de mantener la boca cerrada. Me refiero  a ese Silencio con mayúsculas, activo,  repleto de sonidos insonoros, de aquellas personas, que teniendo tanta riqueza en su interior , pueden elegir el qué, el cómo y el cuándo decir algo, aunque nada digan. Este es el silencio que nos interesa… Un silencio pletórico de contenido,  abundante de energía,  fecundo de inspiración, saturado de divinidad, … un espacio interior vacío de ruidos en donde se pueda manifestar la Voz del Silencio, el Sonido Insonoro… como diría el maravilloso texto de sabiduría intemporal de H.P.B. del mismo nombre.

Y porque es  un tanto contradictorio “hablar del silencio”, seguiremos la máxima acuñada por Pitágoras cuando decía que era necesario,  o bien permanecer en silencio, o bien decir algo mejor que el silencio. Así que trataremos de que nuestras palabras sean portadoras de algunas claves que nos conduzcan hasta ese mágico lugar en donde el propio silencio sea el que nos hable desvelándonos sus secretos. Todo un reto para éste, nuestro ruidoso mundo en el que vivimos, donde las palabras se agolpan en nuestra mente saturándonos de mensajes tanto escritos como orales y que provocan, en mayor o menor medida, una insensibilidad a tanta palabra…

Lo cierto es que me encantaría ser como esos monjes Zen, que cuando un discípulo les preguntaba acerca de alguno de los grandes misterios de la vida, el maestro respondía con un larguísimo silencio. Tan largo, que la parlanchina mente del joven discípulo, tras un primer momento de confusión ante tamaño mutismo, sufría una ruptura de nivel de conciencia, elevando su mente por encima del mundo de dualidades y provocando con ello,  lo que en la filosofía Zen se llama “el satori”, que podemos traducir como un fogonazo de claridad mental. Y es que tras ese periodo de desconcierto en donde el discípulo comprendía que no recibiría respuesta alguna del sabio, abandonaba toda inquietud mental por su pregunta, para ir penetrando en su propio mundo hasta sumergirse en el gran silencio interior, en el que paradójicamente encontraba la respuesta a su pregunta…

Cuando pienso en el silencio interior, muchas imágenes me vienen a la memoria. Desde las más profanas a las más sagradas, desde las más antiguas, hasta las más modernas, pues tanto ayer, como ahora, y como será mañana, el silencio y el sonido, como lo es la vigilia y el sueño, la siembra y la recolección,  la vida y la muerte, o el yin y el yang…  constituyen los dos pasos alternativos, cuyo armónico devenir nos permitirá  transitar el sendero de la vida en concordia con el universo. Como decíamos en uno de los capítulos anteriores, son las dos caras de una misma moneda, los dos momentos en donde la Vida misma “respira”… Sin embargo, volvemos al principio, ”que tus palabras sean mejores que el silencio…” porque para que el sonido tenga un sentido, deberá estar precedido del Silencio… De la calidad de una de las partes, devendrá la calidad de la otra. Es decir, en todos los pares de opuestos que rigen nuestro mundo de dualidades, así como es nuestra vigilia, serán nuestros sueños, así como es nuestra siembra será nuestra cosecha, así como es nuestra vida, será nuestra muerte… y así como son nuestros silencios, serán nuestras palabras…

Por eso es tan importante aprender a parar el mundo, hacer el silencio en nuestro interior y observar lo que allí acontece, porque es allí donde se siembran las ideas, es allí donde se gestan las futuras palabras; es allí, donde comienza la expresión de nuestro auténtico Ser.

Sin embargo hoy estamos enterrados bajo una montaña de palabras. El ruido ensordecedor es uno de los comunes denominadores del mundo moderno. En nuestro interior se desatan enormes y tempestuosas tormentas repletas de imágenes, pensamientos, sensaciones, emociones, deseos, etc…. Que como un “tsunami” arrasan nuestras costas, aniquilando toda  estabilidad y equilibrio interior, dejándonos a la deriva en un proceloso mar de dudas, miedos e inquietudes…   Y uno se pregunta, ¿cómo puedo parar el mundo? ¿como hacer el silencio dentro mío? …¿cómo aquietar mi mundo interior?…

Si yo fuera una gran maestra de sabiduría , seguramente te contestaría: “haciéndolo”… pues la verdad es que no existen recetas, métodos o algún sistema de esos  que tanto gustan al occidental, para tan elevado logro… Pero como aún no lo soy, seguiré a mis contemporáneos dándote una nueva fórmula, que aunque es muy válida, solo será eficaz, si la haces tuya y la practicas cada día de tu vida…

En primer lugar debes saber que en nuestra presente etapa de evolución, la mente humana no puede estar quieta. El conseguir aquietar la mente hasta un estado de inmovilidad total, haciendo en la pantalla de la conciencia un vacío absoluto, es un logro de la evolución espiritual que solo consiguen los grandes sabios. Por eso cuando decimos “parar la mente”, estamos hablando de una verdad relativa que usamos de forma pedagógica. Podemos lentificar o acelerar el flujo de nuestros pensamientos a voluntad, lo cual ya de por si es un logro de poder mental más que notable. Pero cuando decimos “hacer el silencio interior o parar el mundo”, lo que estamos acallando de golpe, o deteniendo, es lo que los egipcios llamaban “el estruendo”, el clamor, el rio caudaloso de los pensamientos incontrolados y no convocados. Lo cierto es que toda esa avalancha de ideas, recuerdos, sensaciones, imágenes, deseos, percepciones … de la que hablábamos antes y que integran el galimatías del constante estruendo mental, no hacen sino aturdir , ensordecer y desorientar nuestra conciencia, estresando nuestro equilibrio interior. De hecho, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, en nuestra mente suenan simultáneamente  varias voces, que cual emisoras radiofónicas, se oyen unas más nítidas, otras más lejanas, algunas con mas interferencias y otras en distintos idiomas… Por eso, cuando paramos el mundo, lo que hacemos es apagar todas las emisoras secundarias y dejar solo conectada la emisora principal que es la única que está sintonizada por la voluntad.

A partir de ese momento, nuestra realidad consciente queda integrada por tres elementos: el observador, la mente y los pensamientos que se gestan en ella. Un símil que podríamos utilizar es el del usuario, el ordenador y la información que aparece en la pantalla. Y este va a ser el principio básico y punto de partida de todo trabajo en la búsqueda del Silencio.

Desde que existen las escuelas de sabiduría, la vía discipular y los distintos sistemas y técnicas que han ayudado al hombre a alcanzar la Iluminación, el principio de todo trabajo interior y de todo camino espiritual, empieza a partir del momento en que el observador silencioso o yo consciente, comienza a observar dentro de si mismo el flujo de sus propios pensamientos de forma neutra e imparcial.

Como dice Francis J. Vilar, este proceso mental o estado de conciencia,  en la simbología egipcia aparece representado con el símbolo del “Oudjad”, “aquel que mira la vida desde detrás de los ojos”, se trata de la visión interior que nos permite dimensionar las cosas en su justo valor y discernir correctamente. En las tradiciones místicas de la India y técnicas de meditación, por ejemplo del Yoga de Patanjali, se le llama Pratyahara, y en la tradición oriental se llama “Gisiryo”, término Zen que podríamos traducir como “la mente observando a la mente”. Esta es la base inicial para cualquier trabajo interior, a partir del cual, el hombre puede escalar hacia aquellos estados de conciencia superiores que llamamos místicos, iniciáticos o espirituales.

El ejercicio sostenido de  esta facultad, es el que permite al yo consciente observar el rio de sus pensamientos como algo ajeno a sí mismo, aprendiendo a no identificarse con ellos. Este proceso de desidentificación lo podríamos comparar con un escalador que  desde lo alto de la montaña contemplase en el valle, el serpenteante cauce de un rio caudaloso. Pudiendo divisar con claridad y perspectiva su nacimiento y desembocadura, con los diversos afluentes y ramificaciones que jalonan su curso. Suponiendo que este escalador fuera el propietario de esas tierras, él podría decir “este rio me pertenece, es de mi propiedad, pero yo no soy este rio”

De igual forma, la observación silenciosa e imparcial del flujo y reflujo de nuestros propios pensamientos, deseos e intenciones,  es lo que nos permite obtener el autodominio y control, tanto de nuestra mente como de nuestras emociones. Por eso hoy, todas las ciencias que se encargan de la salud psicológica, recomiendan la terapia del silencio como medio para encontrar el equilibrio del alma. A partir de aquí es cuando el pensador o yo consciente puede empezar a trabajar y a dominar su mente  desde la Región del Silencio …

Y llegado a este punto, solo puedo decirte una cosa: ¡PRACTICA!, empieza ya, no pierdas ni un instante…. Dedica unos minutos cada día de tu vida a estar en silencio y aprende a disfrutar de ello. Al principio será solo un silencio físico, puede que un tanto incómodo. Incluso tal vez llegues a sentir que el silencio te oprime como si estuvieras dentro de una cárcel si no estas en paz contigo mismo … Pero ten paciencia… confía… sigue intentándolo. Verás que si logras atravesar toda la barrera de emociones y pensamientos inconscientes, observándolos con atención de manera imparcial, es decir, sin ningún tipo de deseo ni rechazo, sin miedo ni pasión… te garantizo, que poco a poco, lentamente, toda esa maraña emotivo-mental, comenzará a disolverse como lo hacen las nubes en contacto con los cálidos rayos del sol. Así , tu voluntad de silencio, irá calmando las turbulentas aguas de tu mente, para que puedas contemplar con claridad y transparencia tu propio mundo interior y enfocar lo realmente importante. Es más, en esas cristalinas regiones podrás percibir,  con una tranquila felicidad y serena paz que son difíciles de describir… aquella realidad que subyace más allá del fondo de ti mismo, que no es otra que el resplandor de tu verdadero Ser…

Feliz Aventura… pues allí, desde la región del silencio, podrás dirigir el curso de tu vida, construir tu propio destino y convertirte en el dueño de las circunstancias, en vez de su víctima. Empezando por las cosas más sencillas y cotidianas, como solucionar los problemas de cada día, hasta llegar a conquistar los más altos logros que puedas concebir…

Desde la región del silencio, podrás escuchar a los demás, en lo que hoy en día se llama “la escucha activa”, que no es otra que escuchar con interés y Amor a aquellos que te rodean… incluso más allá de sus palabras…, incluso más allá de sus silencios… De esta forma podrás servirles de espejo en donde reflejarse, para que sean ellos mismos y no tú, quienes encuentren las respuestas de su propia alma….

En ese “Lugar de poder” que es el Silencio, sabrás descubrir tu “propósito de vida”. Dicen los sabios que todo ser humano tiene un “destino” que cumplir en la existencia y que aquel que lo encuentra, y lo realiza, se une a los Inmortales en esta Gran Obra de perfección y belleza que es el Cosmos. Como reza una antiguo proverbio…”eres responsable ante el universo de ser aquello para lo que naciste”…

También en el silencio podrás reconocer a tus auténticos compañeros de destino,  pues entre ellos y con ellos, el silencio se convierte en divina elocuencia…

(SILENCIO………RESPIRA………RESPIRA………RESPIRA…………………………….)

En el jardín del Silencio tu alma florecerá como un loto, volviéndose sensible tanto a la  sutil caricia del Astro Rey sobre tu rostro, como al más dulce de los besos de tu amad@ en tu mejilla. Los ojos de tu ser inmortal  se abrirán tanto a  la contemplación del trémulo aleteo del colibrí libando la fragante rosa, como al vasto universo repleto de estrellas que danzan al son de la armonía cósmica … y podrás oír, tanto el susurro del viento al entrelazarse  en los árboles del bosque, como el Sonido Insonoro al que todos aquellos que nos hallamos inmersos en la gran búsqueda aspiramos escuchar…

También desde tus Silencios  podrás llevar a cabo tu gran obra alquímica de transmutación interior, disolviendo cualquier atisbo de personalismo que te separa del Todo. El Opus Magnum que todo hombre, más tarde o más temprano deberá llevar a cabo en el transcurso de la evolución, hasta llegar a sumirse en el Gran Océano del Silencio…. En ese Silencio se gestó la Vida, y a El deberá regresar… Por eso Su Poder transformador no tiene limites…

Y cómo no…, cuando descubras el Gran Silencio y te dejes penetrar por él,  podrás vivir con intensidad la Unidad que se esconde tras la multiplicidad de formas y manifestaciones. Uni-versus , la Unidad en lo diverso. Una de las experiencias más reveladoras que el ser humano puede alcanzar a vivir… y que “despierta la visión” a la otra Realidad…

Por todo eso  y mucho más te digo… ¡¡¡Abraza el silencio!!! pues en el silencio se gesta la Vida y nace la Expresión…

Alguien dijo: “Si quieres oír cantar a tu alma, haz silencio en tu corazón”